domingo, 7 de febrero de 2010

Si pudiéramos llamar a cuentas...

El Economista (12-mar-2009) cabecea: “Ya no habrán inundaciones en el DF” (seguramente quiso decir "ya no habrá") y continúa: “El jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, garantizó que la ciudad de México no sufrirá ninguna inundación...” Pues he aquí que más pronto cae un hablador que un cojo. Garantizó, nada menos.
Ha sido ésta una semana horripilante; la magnitud del desastre causado por las lluvias me produce una profunda congoja: es indignante ver por la televisión las imágenes de las familias en Chalco, en Iztapalapa, en Culhuacán – y para qué sigo – que han perdido bajo las aguas todo su modesto patrimonio, muebles, enseres, ropa, equipos, documentos, y que han debido trasladarse a albergues improvisados para pasar las noches a sabiendas de que al día siguiente les espera la nada; simple y sencillamente la nada...
La imagen que vemos aquí es de estos días, pero no es diferente de las que se veían en los diarios de la ciudad de México en los años cincuentas. Se ha trasladado la situación un poco, geográficamente; en aquellos tiempos las inundaciones afectaban al centro de la ciudad y no era raro ver voluntarios ayudando a los viandantes cruzar en embarcaciones improvisadas las calles de 16 de Septiembre o Venustiano Carranza; ahora los afectados están en regiones más alejadas del centro.
Eso que decía el señor Ebrard el año pasado, y que la realidad se ha encargado de desmentir dándole una especie de tremendo pastelazo en plena cara, lo hemos oído año tras año, desde que tengo memoria. La capital, una de las ciudades más grandes del mundo, en la novena (o algo así, según dicen) economía del globo, no ha podido solucionar un problema fundamental en muchas décadas. Y ese problema - que ha de ser difícil, supongo – indudablemente tiene una solución, que no involucra más que cuestiones de ingeniería.
Hay que dejar asentado que las sucesivas administraciones municipales de la ciudad de México, con el color político que hayan tenido, han sido de una ineptitud e incompetencia que las pone sin duda en primer lugar en el mundo. No existe en ningún país una ciudad de importancia que sufra recurrentemente catástrofes de esta magnitud. Y no hablemos ya de la criminalidad, del desastroso servicio de transporte público, del caos del tráfico, del estado del pavimento en las calles, en fin, de todo lo que debe encargarse una administración municipal: simplemente, lo más elemental, evitar que el agua de la lluvia se lleve el patrimonio de la gente o, peor aún, que las viviendas de miles de familias queden inundadas por las aguas negras.
Lamento mucho que no exista en México el concepto de accountability que hay en otros países. Ello significa que quien haya desempeñado un puesto público puede ser llamado a cuentas después - e incluso mucho después - de haber dejado el cargo (por ejemplo, como están haciéndolo en Inglaterra con el ex-primer ministro Tony Blair a propósito de las mentiras de que se valió para involucrar a su país en la guerra de Irak en el año 2003 o en Argentina, con los militares de la época de la dictadura a principios de los años setentas). Esa inmunidad que de manera inexplicable protege a nuestra clase política de manera vitalicia es lo que permite que permanentemente puedan hacernos trampas y engañarnos. ¿Cómo se vería que la cámara de diputados o la asamblea legislativa llamara a cuentas, a Alejandro Encinas, a Rosario Robles, a López Obrador, a Cuauhtémoc Cárdenas, a Óscar Espinosa, a Manuel Camacho y a tantos otros cuyos nombres ya olvido, para que expliquen por qué no hicieron lo que tenían que haber hecho?
¿Será verdad lo que dicen, que cada país tiene el gobierno que se merece?

1 comentario:

  1. LOS PUEBLOS NO TENEMOS EL GOBIERNO QUE NOS MERECEMOS EN UN SENTIDO INELUDIBLE, DE CASTIGO POR ALGUNA CULPA. SI LOS TENEMOS EN EL SENTIDO DE QUE LES TOLERAMOS LA IMPUNIDAD CON ABSOLUTO DESPRECIO POR NOSOTROS MISMOS Y NUESTROS DERECHOS. OJALÁ Y POR ESTE MEDIO SE VAYA LOGRANDO HACER CONCIENCIA. FELICIDADES

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