domingo, 31 de enero de 2010

La sociedad en manos de los políticos

Llegó a mis manos (mejor dicho, a mi correo electrónico) un escrito de Arturo Pérez Reverte – autor español de buen número de novelas, y académico de la lengua – escrito que no puedo dejar de recomendar a todo el mundo. A falta de mejor referencia, les hago llegar por separado a mis amigos y lectores el link para que puedan verlo completo quienes lo deseen.

Claro, sucede que coincido plenamente con lo que ahí comenta, que ha sido tema recurrente en estas notas semanales, acerca de la clase política que nos tiene sumidos en la desesperanza. Él se refiere de manera específica a los diputados españoles, pero lo que dice es plenamente aplicable a los nuestros. Habla de su reacción visceral al toparse por la calle, en Madrid, a un grupo de parlamentarios que salen de su sede a mediodía. Cito, por ejemplo, el siguiente párrafo que da idea de lo que piensa al respecto:

Van pavonéandose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a la medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida.

Con pequeños cambios podríamos adecuar lo anterior a nuestra realidad nacional. De los nuestros, algunos usan trajes a la medida y zapatos caros, pero la mayoría son unos desharrapados que hacen gala de su penuria intelectual y la reproducen en su vestir (recuerdo – por lo conspicuo -, no sé si en la pasada legislatura o ya en la presente, a un pobre infeliz que no se quitaba el sombrero de paja ni para dormir en su curul). Oportunistas advenedizos, sin duda, diría que todos (y las generalizaciones son un recurso lógico necesario: recordemos que, aunque en Sodoma había algunos inocentes, Dios en su santa cólera se los cargó a todos; para no errarle, supongo). Y aunque algunas docenas hayan cursado el bachillerato, es bastante obvio que poco se ha logrado con ello para aliviar su ignorancia; y en cuanto a haber trabajado, si excluimos la categoría de luchador social (que ha servido para maquillar la holgazanería y falta de actividad productiva de tantísima gente), pues no van a la zaga de sus homólogos españoles.

Creo que Pérez Reverte nos está dando una pista interesante para tratar de defendernos, nosotros, la sociedad, de esa pandilla de vividores que conforma la clase política mexicana. Si por lo menos les podemos hacer ver, una y otra vez, que no nos tragamos sus estupideces y mentiras y que estamos dispuestos a hacer público nuestro repudio, estaremos dando un primer paso para sanear esa gigantesca cloaca. Démonos cuenta de que ya no es necesario pagar costosos y efímeros desplegados en la prensa, y que la tecnología está al alcance de todos para enviar al aire nuestras opiniones e ideas, tal como se hace ya en otros países.

Ojalá surjan ideas para conformar una plataforma amplia de opinión ciudadana, sin necesidad de pasar por los filtros y conveniencias políticas de la prensa escrita, cuyo papel en la actual coyuntura deja mucho que desear.

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