domingo, 10 de enero de 2010

Con estos amigos, pa´qué quiero enemigos...

Mario Vargas Llosa nos hace un buen análisis (Reforma, 10-1-2010) sobre la situación por la que atravesamos en México en relación con la guerra contra los señores de la droga. Además de gran novelista, Vargas Llosa es una mente lúcida e inteligente y son dos los puntos que quiero resaltar de su escrito: uno, era imposible continuar con un estado cada vez más amenazado por los diferentes grupos de la delincuencia organizada, de manera que la decisión del Presidente Calderón para hacerles frente con todos los elementos con que cuenta era, además de todo, inevitable. Y tengo que añadir, para que no se me vaya a quedar en el tintero, que esta pesadilla nacional se debe principalmente a la manga ancha, y en ocasiones abierta complicidad, del partido que estuvo en el poder durante setenta años. No comprendo todavía como doña Beatriz Paredes sigue insistiendo en esa macabra tontería de que ellos (el PRI) sí saben gobernar.

Y dos, que la única solución a largo plazo es la legalización de la droga, lo que cortaría el incentivo económico para su producción y comercialización clandestina, aunque evidentemente durante un período de transición veríamos un incremento del consumo por parte de los grupos más vulnerables, a lo que se oponen los sectores más conservadores y oscurantistas de la sociedad.

Parecerían dos aserciones ya muy vistas, pero creo que hay que insistir en ello hasta el cansancio. Todavía ayer leímos las declaraciones cargadas de ignorancia y estulticia del gobernador de mi estado natal (Coahuila), donde atacaba frontalmente al Presidente Calderón por continuar (con toda comodidad, dice él) tercamente obstinado en el combate armado a los grupos del narcotráfico. Tal vez él piense que lo mejor sería deponer las armas y rendirse, para evitar todas estas molestias que nos causa. Y Vargas Llosa nos hace ver que esta posición, aparentemente muy común en nuestra sociedad, esconde la convicción de que la guerra ya está perdida, y que no vale la pena seguir con ella.

Por otra parte, hoy leemos que mientras en los estados de la Unión Americana que tienen frontera con México hubo durante el año pasado un decrecimiento notable en los crímenes derivados del narcotráfico, en los estados mexicanos colindantes con los Estados Unidos la situación es exactamente inversa. Y alguno de los funcionarios norteamericanos responsables de estos asuntos explicaba la razón de esto: la situación está más controlada allá porque sus agentes están mejor entrenados, mejor armados y menos contaminados por la corrupción. Así de simple.

Menudo problema enfrenta el Presidente: no solamente tiene el gobierno federal enemigos poderosísimos, sanguinarios, con muchos recursos económicos y sin ningún freno o cortapisa legal (y sin Comisiones de Derechos Humanos poniendo piedritas en los zapatos). Sus gentes no tienen buen entrenamiento, ni buen armamento y además están bastante corrompidos. Por añadidura, si los sátrapas locales y los legisladores federales no dejan de decir tonterías y actuar como si todo lo que importara fuese su comodidad y sus carreras políticas personales, creo que la guerra se presenta muy, pero muy complicada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario