Bien querría ya salir a temas más amables y placenteros que los que me han ocupado en las últimas semanas, pero no me siento todavía con la libertad de abandonar a mis conciudadanos, agobiados por el frío, la implacable lluvia y, en decenas de millares de casos, con sus viviendas inundadas de mierda (me apresuro a pedir perdón por el uso de esta expresión que, en este caso, es absolutamente literal).
Además tenemos que sufrir, por si no bastara el tremendo castigo que las fuerzas de la naturaleza nos han infligido – por designio divino o por azar o quién sabe por qué, según la explicación que mejor acomode a cada uno –, la sarta de tonterías que autoridades del gobierno del Distrito Federal y asambleístas de su legislatura nos endilgan a la menor provocación. Resulta ahora que el Presidente de la República – ciertamente en uso de sus facultades – ha propuesto una Ley del Sistema de Seguridad Pública en el D.F. Y véanse las reacciones que esto suscitó, como si les hubieran puesto un cohete en salva sea la parte:
a) Marcelo Ebrard, jefe de gobierno: “Esa ley afecta la autonomía de la ciudad... es una intromisión y sorprende que a estas alturas se haga (sic) una ley como si fuésemos todavía una dependencia del gobierno federal”
b) José Ángel Ávila, secretario de gobierno: “[la iniciativa] ... es repetitiva respecto a la normatividad nacional...”
c) Un análisis del Gobierno del D.F. (hemos de suponer, de especialistas en cuestiones jurídicas): “se copiaron textos íntegros de otros ordenamientos federales”
d) Fidel Suárez, asambleísta del PRI, en plena concordancia con Ebrard: “viola la autonomía de la capital”
e) Julio César Moreno, asambleísta del PRD: “es un refrito que no nos va ayudar a combatir la problemática que tenemos en materia de seguridad”
Y bien, como inmediata reacción de mi parte, no sé qué diablos es eso de la "autonomía", término del que se ha abusado hasta el hartazgo, en éste y otros contextos. Yo no vivo – o, por lo menos, eso he creído hasta ahora – en un territorio autónomo; tengo pasaporte mexicano (y no del Distrito Federal) y me identifico con una credencial de un instituto federal; pago impuestos federales y transito - casi sin trabas - por todo el país. ¿A qué viene, entonces, esta tontería de la “violación de la autonomía”? Por el mismo tenor, también la estarían violando todas las leyes federales (la del trabajo, los códigos federales civil y penal, la ley de ingresos, etc.), que son de aplicación general en todo el país.
Por otra parte, parecería que están hablando de un texto literario, al objetar el hecho de que se hayan copiado textos de otros ordenamientos federales, o que sea repetitiva. Qué, ¿estarán pensando que una ley puede ser objetada alegando plagio o reiteración de lo que dicen otras leyes? (Por cierto, opino que la objeción más extraña es que sea “un refrito”. Caramba, pues eso parecería un punto a favor, si se piensa en lo bueno que son los frijoles refritos).
¿Y? ¿No vivimos en una de las ciudades más inseguras del mundo, solamente superada en ese aspecto en nuestro país por Ciudad Juárez? ¿No vivimos todos con el temor constante a ser asaltados, secuestrados o de ver nuestro domicilio o nuestro automóvil robados? Ninguno de los que ahora se desgarran las vestiduras con vehemente indignación menciona que en los larguísimos 15 años de estar gobernada por el PRD esta ciudad ha venido sufriendo un deterioro permanente, no solamente en materia de seguridad, sino en el transporte público, en el aprovisionamiento de agua, en la recolección de basura, en el estado del pavimento de las calles, en la fealdad urbana --- sin olvidar las catastróficas inundaciones que afectan en este momento a centenares de miles de personas en muchas delegaciones de esta “autónoma” ciudad?
Pues, señores autoridades del gobierno de la ciudad, si para eso sirve la autonomía, me permito parafrasear a Sancho Panza (y esta cita no es apócrifa) cuando decía que “oficio que no da de comer a su dueño, no vale dos habas”, y opino lo mismo: autonomía que no resuelve los problemas de la ciudad, tampoco vale dos habas.
Y cuando veo las desgarradoras imágenes de nuestros conciudadanos sacando a paletadas las aguas hediondas del interior de sus casas y poniendo al sol sus colchones, televisores y muebles, o lavando sus enseres de cocina con agua que sabe dios de donde habrán sacado, me pregunto si ellos también estarán muy preocupados por esa violación de la autonomía, o simplemente se preguntarán por qué. ¿Por qué, en vez de tanto discurso pueril y demagógico, no nos ayudan y ven la forma de que estas catástrofes no nos ocurran una y otra vez – aunque sea sin autonomía?
No hay comentarios:
Publicar un comentario