sábado, 10 de abril de 2010

Nuevo castigo para la capital

Doce años llevamos ya de gobierno perredista en la sufrida capital del país, doce. Cárdenas, Robles, López Obrador, Encinas, Ebrard. Doce años en que la administración municipal de una de las mayores urbes del mundo no ha demostrado estar a la altura de sus problemas, que son en verdad enormes y que por tanto habrían requerido una calidad (experiencia, talento, motivación) extraordinaria en quienes están a cargo de buscar las soluciones.

Y me pregunto yo, ¿por qué? ¿Por qué la ciudad de México ha caído – al parecer irremisiblemente -en manos de las tribus del PRD? A diferencia del resto de las grandes ciudades de nuestro país, en las que gobiernos estatales y municipales se suceden en una saludable alternancia (que no necesariamente exitosa), aquí parece que no hay forma de salir del hoyo y que, pase lo que pase, los otros partidos no tendrán nunca la posibilidad de ganar una elección para gobernar la ciudad.

Porque, como quiera que sea, razones muy evidentes hay para constatar que la calidad de vida en nuestra megaurbe ha venido deteriorándose año con año. Y que el gobierno de la ciudad nos toma por imbéciles ofreciendo el panem et circensis del imperio romano, el pan y circo con que se adormece a las multitudes y desfoga las inquietudes de fondo. Sí, veamos: por un lado se obsequia a los “viejitos” de sesenta y más años una pensión en metálico (un acto populista sin sentido, sin fundamento económico ni racionalidad); se mantienen tarifas ruinosas en los servicios municipales de transporte (con lo cual you get what you pay for); se mantiene la tolerancia al comercio ambulante (con la consecuente evasión fiscal) y, por otro, se tima a la gente ofreciéndoles embelecos como las pistas de hielo en la época navideña, en el Zócalo y a todo color (para que vean que no sólo los ricachones en Rockefeller Center pueden disfrutar del invierno) y las inefables playas artificiales que proporcionan material para un museo de los horrores.

¿Cómo es que no hemos podido en todos estos años exigir más seriedad al gobierno? Bueno, qué remedio, tenemos el que nos merecemos.

Ahora nos anuncian la construcción de otro segundo piso en el Anillo Periférico (que, bien mirado, no tiene nada de periférico), aduciendo que la ciudad está punto de colapsarse por los problemas de tráfico vehicular y que ésa es la solución.

¡Pero la ciudad está a punto de colapsarse por otras razones! Menciono solamente algunas: la inseguridad, que hace ya muy riesgoso salir a la calle a pasear, abordar un taxi o dejar la casa sola un fin de semana; la escasez de agua, que amenaza con volverse dramática en el corto plazo; la fragilidad del sistema de drenaje, que cada año causa inundaciones de enormes consecuencias sociales y económicas; la recolección de basura, que es cada vez menos eficaz y amenaza con una catástrofe ambiental, y la falta de un sistema de transporte público como el que tienen todas, sin excepción, las grandes ciudades en el mundo. ¿Por qué el gobierno de la ciudad no le entra a estos problemas, de importancia fundamental? ¿Por qué, por ejemplo, el sistema de transporte público mantiene la propiedad privada, atomizada, de los ”microbuses”, ineficientes y causantes de buena parte del caos vehicular?

Ahora bien, si el gobierno de la ciudad piensa que el problema fundamental es aliviar la circulación vehicular, ¿cómo es que no ha pensado en otras posibilidades mucho más económicas y eficaces? Se me ocurre, por ejemplo, la prohibición de bloquear con marchas o plantones el tráfico en las arterias y calles, factores causantes de la mayor parte de los problemas de congestión (se aducirá que eso sería limitar la libertad de expresión, pero a mí me parece obvio que la libertad - cualquier libertad - está acotada por los derechos de los demás: en este caso, el derecho de transitar por las calles y de llegar a su casa, a su trabajo, o al cine, si a uno le da la gana, a tiempo y sin trabas). Y, al mismo tiempo, establecer las bases de un buen sistema de transporte colectivo municipal – como en todas las grandes ciudades: Nueva York, París, Madrid, Londres, Barcelona, Berlín – donde la gente no tiene que desplazarse utilizando el vehículo propio.

Pero, ¿quizá estoy siendo demasiado ingenuo? Y es que, entonces – me entra la duda – ¿si no, a quién se le otorgarían los jugosos contratos que la obra del Periférico va a generar? ¿De dónde saldrían los fondos adicionales para financiar las campañas electorales que tenemos en puerta? A lo mejor eso explica todo...

1 comentario:

  1. No sé si llamarle justicia poética (o más bien injusticia). El bastión perredista más leal en la capital es Iztapalapa, un lugar al que le falta agua potable y le sobran aguas negras. Los electores están conformes con chapotear en estas últimas y en la "playas" marcelescas. Hasta la coyunda lamen.

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