Lo que nos faltaba: ahora hasta el conocido cantautor nos da su opinión sobre la estrategia del gobierno en la guerra contra los cárteles de la droga. Dice Joaquín Sabina (Reforma, 13-04-2010) “Calderón fue muy ingenuo, por decirlo de buena manera, cuando planteó esa batalla” (¿cómo sería si lo llega a decir de mala?). Y bien, noblesse oblige, el Presidente asistió con entusiasmo al concierto de Sabina, Vinagre y Rosas, como para dejar claro que el quehacer del cantante está en cantar y no en hablar de lo que no sabe. Que una cosa es la libertad de expresión y otra usarla para andar soltando -por decirlo de buena manera- cualquier sarta de tonterías.
Sí, todos estamos hasta la coronilla con lo que pasa en México. Los crueles asesinatos, la violencia indiscriminada, las amenazas, las extorsiones, los secuestros, en fin, un panorama aterrador. Pero también yo estoy hasta la coronilla de las opiniones ligeras vertidas a diestra y siniestra por columnistas y políticos ignorantes e irresponsables – y ahora hasta por cantantes populares, hágame usted el favor. Tenemos, de un lado, a bandas delictivas con enormes recursos económicos; con armamento moderno y abundante; con una buena organización y capacidad de corromper a las policías estatales y municipales para mantenerse informados y protegidos; pero, sobre todo, con una total falta de miramientos y respeto a las normas de la vida civilizada (si es necesario, extorsionan y secuestran; si es necesario, incendian; y si es necesario asesinan con lujo de violencia; en otras palabras, no tienen que respetar otras reglas que las suyas). Por el otro lado, un gobierno relativamente ineficaz, cuyas bases están podridas por las muchas décadas de complacencia y corrupción, sin experiencia en el manejo de situaciones tan complejas como la que estamos viviendo (y no me refiero al gobierno de Calderón nada más; ninguno de los gobiernos que lo precedieron desde 1920 hasta el 2006 –salvo quizá el de Calles- ha tenido que hacer frente a enemigos tan belicosos y terribles como los de ahora); todo ello agravado por la falta de apoyo político, por la desconfianza de la gente y por la viscosidad institucional que lastra las acciones del gobierno federal.
Y ya quiero ver al sucesor de Calderón, sea quien sea, enfrentado a esto. Las críticas que hoy recibe el presidente me recuerdan al inefable Fox, que se mofaba de la torpeza del gobierno federal frente al sainete zapatista de 1994, y afirmaba que “lo de Chiapas lo arreglo yo en quince minutos”; y ya vimos que no, ni en quince minutos ni en quince meses arregló nada – el problema solito se murió de hastío. Por desgracia, el problema de la delincuencia organizada y del tráfico de drogas, que indudablemente heredará el próximo gobierno, no se morirá de hastío. Y, una vez más afirmo, la legalización de la droga solamente funcionaría si se implementa simultáneamente en todo el mundo -sobre todo en los Estados Unidos- porque de otra manera México se convertiría en el centro mundial de producción, comercio y contrabando de enervantes; y no dudemos que los norteamericanos de inmediato nos cerrarían la frontera y nos impondrían el embargo económico y comercial (que el de Cuba sería de broma). En verdad, sí que se necesita ser ingenuo para suponer lo contrario.
A diferencia, pues, de tanto comentarista y locutor de radio y televisión y de tanto político ignorante, yo no la veo tan fácil y no me atrevo a decir ni que la estrategia está equivocada ni, por supuesto, cuál sería la buena. Lo que de verdad no entiendo es que haya quien quiera ser presidente para la próxima.
Y bueno, para rematar con algún tema ligero, me tocó hace días escuchar por la radio una entrevista que le hacía una conocida locutora al Secretario de Eduación Pública. El tono de las preguntas era de una familiaridad que chocaba con la investidura del entrevistado: Oye, Alonso, ¿y por qué tal cosa? oye, Alonso, ¿y por qué tal otra?, interrumpiéndolo a cada momento cuando el funcionario de marras trataba de dar contestación al interrogatorio. Pero el colmo fue cuando, en cierto momento, le dice: Alonso, perdona pero tengo que hacer un corte comercial; ¿me puedes esperar para seguir la entrevista?
¡Y el otro le contesta, sí, Denise, con mucho gusto, aquí espero en la línea!
¿Se imagina usted, por ejemplo, a don Jesús Reyes Heroles tolerando ese trato? No cabe duda: ya no hay clase; se ha perdido hasta la dignidad...
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