domingo, 25 de abril de 2010

NUEVA AGENCIA ESPACIAL MEXICANA (!)

Nos encontramos esta semana con la estremecedora noticia de que, al fin, se creó la AEXA, sí, la Agencia Espacial Mexicana. La Cámara de Diputados, en un acto de inusual consenso, dio luz verde a este proyecto, que parecería ponernos – al menos en el papel – en la misma línea de los países más desarrollados, los que han dedicado ya cuantiosos recursos a la exploración del espacio exterior y que han logrado con ello progresos enormes en materia de descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos.

No sé bien de qué se trate este asunto, y mi primera reacción, una vez repuesto de la sorpresa, ha sido de desconcierto y saludable escepticismo. ¿La Cámara de Diputados, ese grupo variopinto mayoritariamente compuesto de zafios ignorantes, decide crear un organismo cuya complejidad excedería por mucho a la de, por ejemplo, la agencia de exploración, explotación y distribución de derivados del petróleo, alias Pemex? ¿Cómo, cuándo y a quién se le ocurrió tan temeraria idea?

Evidentemente no tienen nuestros diputados la menor idea de lo que han parido. Para empezar, no es el mejor momento de iniciar un proyecto de esas dimensiones. No hay condiciones para iniciar una institución nueva que, por principio de cuentas, requeriría de recursos humanos y económicos que no existen. Pensemos nada más en los extravagantes proyectos de Ebrard (el “doctor” Ebrard, como irónicamente le llama Jacobo Zabludovsky), el segundo piso en el Periférico y el tranvía del Centro Histórico, que supuestamente serán financiados por el sector privado, dado que las arcas públicas están vacías.

Peor aún, un proyecto como la agencia espacial de marras necesitaría un arropamiento jurídico que lo pusiera a salvo de la viscosidad reglamentaria y operativa que ahoga a todos los organismos descentralizados y paraestatales. ¿Estaría a salvo, a diferencia de Pemex, la Comisión Federal de Electricidad, el Instituto Mexicano del Seguro Social y la UNAM – por nombrar sólo unos cuantos -, de tener un sindicato corporativo que hiciera su operación tres o cuatro veces más cara que en empresas homólogas de otros pasíses? ¿Tendría autonomía efectiva para establecer sus planes y programas de desarrollo por encima de los ciclos sexenales que hacen que en México sea imposible la planeación a largo plazo? ¿Podemos imaginar que el responsable de su funcionamiento no tuviera que presentarse obligatoriamente a la farsa estúpida de las “comparecencias” ante los legisladores para ser sujeto de escarnio y mofas por parte de analfabetos cuya único propósito es humillar al funcionario en turno, como tantas veces hemos visto en el pasado reciente? ¿Se imagina el lector tener que pasar por los infernales procesos de licitación para contratar los miles (si, auténticamente miles) de estudios técnicos y adquisiciones de instrumentos y materiales que son indispensables para un proyecto de esta naturaleza?

Un vistazo al sitio web de la NASA, la agencia espacial norteamericana, podría ser muy ilustrativo para los diputados (y, tranquilos, hay una página en español) y tal vez les abriría un poco los ojos. Verían que tiene una historia formidable: creada en 1958, pudo en apenas once años culminar el gran proyecto tecnológico del Siglo XX, llevar a los primeros hombres a la luna, en julio de 1969. Puedo pronosticar que dentro de once años nuestra naciente AEXA no habrá ni siquiera obtenido los terrenos para construir sus instalaciones. Y no bromeo; ¿recuerdan cuánto tiempo tomó la decisión para autorizar la construcción de una nueva refinería para Pemex y, luego, encontrar y obtener los terrenos para ubicarla?

En cuanto a recursos humanos, tiene la NASA una planta de alrededor de 18,000 personas, de los cuales casi 12,000 son científicos e ingenieros. ¿Dinero? Casi 19,000 millones de dólares para este año. ¿Proyectos? La luna, Marte, Júpiter, el telescopio Hubble,..., en fin.

¿Y nosotros? No tenemos ni siquiera una masa crìtica de gente formada en cuestiones tecnológicas relacionadas con la investigación aeroespacial. Y claro que podríamos formarla (en unos veinte o treinta años), pero no la tenemos ahora. Y, la guinda en el pastel: autorizaron los legisladores un presupuesto de ¡10 millones de pesos! para iniciar operaciones. No alcanzará ni para pagar a frailes, monjas y pobres, para que rueguen a Dios por el éxito de las misiones espaciales que habrán de emprender (parafraseando al Gran Capitán).

Ah, y por si fuera poco, ha sido el ahora diputado Reyes Tamez el impulsor del descabellado proyecto, seguramente preparando una posible jugada en la que podría él quedar al frente de la agencia. Ya vimos cómo, en su paso por la Secretaría de Educación Pública, en una de las gestiones más desangeladas y mediocres de que se tenga noticia, no fue capaz de lograr nada que significara una modesta mejoría en los abismales niveles de la educación pública del país.

Bueno, se me ocurre que tal vez podríamos proponer que al ejecutivo responsable de dirigir la AEXA se le obligara a presentar y aprobar la prueba ENLACE (creada en el sexenio de Tamez para medir el desempeño escolar en las escuelas públicas). Así tal vez quedaríamos vacunados contra tan alarmante posibilidad.

sábado, 17 de abril de 2010

Opinar no cuesta

Lo que nos faltaba: ahora hasta el conocido cantautor nos da su opinión sobre la estrategia del gobierno en la guerra contra los cárteles de la droga. Dice Joaquín Sabina (Reforma, 13-04-2010) “Calderón fue muy ingenuo, por decirlo de buena manera, cuando planteó esa batalla” (¿cómo sería si lo llega a decir de mala?). Y bien, noblesse oblige, el Presidente asistió con entusiasmo al concierto de Sabina, Vinagre y Rosas, como para dejar claro que el quehacer del cantante está en cantar y no en hablar de lo que no sabe. Que una cosa es la libertad de expresión y otra usarla para andar soltando -por decirlo de buena manera- cualquier sarta de tonterías.

Sí, todos estamos hasta la coronilla con lo que pasa en México. Los crueles asesinatos, la violencia indiscriminada, las amenazas, las extorsiones, los secuestros, en fin, un panorama aterrador. Pero también yo estoy hasta la coronilla de las opiniones ligeras vertidas a diestra y siniestra por columnistas y políticos ignorantes e irresponsables – y ahora hasta por cantantes populares, hágame usted el favor. Tenemos, de un lado, a bandas delictivas con enormes recursos económicos; con armamento moderno y abundante; con una buena organización y capacidad de corromper a las policías estatales y municipales para mantenerse informados y protegidos; pero, sobre todo, con una total falta de miramientos y respeto a las normas de la vida civilizada (si es necesario, extorsionan y secuestran; si es necesario, incendian; y si es necesario asesinan con lujo de violencia; en otras palabras, no tienen que respetar otras reglas que las suyas). Por el otro lado, un gobierno relativamente ineficaz, cuyas bases están podridas por las muchas décadas de complacencia y corrupción, sin experiencia en el manejo de situaciones tan complejas como la que estamos viviendo (y no me refiero al gobierno de Calderón nada más; ninguno de los gobiernos que lo precedieron desde 1920 hasta el 2006 –salvo quizá el de Calles- ha tenido que hacer frente a enemigos tan belicosos y terribles como los de ahora); todo ello agravado por la falta de apoyo político, por la desconfianza de la gente y por la viscosidad institucional que lastra las acciones del gobierno federal.

Y ya quiero ver al sucesor de Calderón, sea quien sea, enfrentado a esto. Las críticas que hoy recibe el presidente me recuerdan al inefable Fox, que se mofaba de la torpeza del gobierno federal frente al sainete zapatista de 1994, y afirmaba que “lo de Chiapas lo arreglo yo en quince minutos”; y ya vimos que no, ni en quince minutos ni en quince meses arregló nada – el problema solito se murió de hastío. Por desgracia, el problema de la delincuencia organizada y del tráfico de drogas, que indudablemente heredará el próximo gobierno, no se morirá de hastío. Y, una vez más afirmo, la legalización de la droga solamente funcionaría si se implementa simultáneamente en todo el mundo -sobre todo en los Estados Unidos- porque de otra manera México se convertiría en el centro mundial de producción, comercio y contrabando de enervantes; y no dudemos que los norteamericanos de inmediato nos cerrarían la frontera y nos impondrían el embargo económico y comercial (que el de Cuba sería de broma). En verdad, sí que se necesita ser ingenuo para suponer lo contrario.

A diferencia, pues, de tanto comentarista y locutor de radio y televisión y de tanto político ignorante, yo no la veo tan fácil y no me atrevo a decir ni que la estrategia está equivocada ni, por supuesto, cuál sería la buena. Lo que de verdad no entiendo es que haya quien quiera ser presidente para la próxima.

Y bueno, para rematar con algún tema ligero, me tocó hace días escuchar por la radio una entrevista que le hacía una conocida locutora al Secretario de Eduación Pública. El tono de las preguntas era de una familiaridad que chocaba con la investidura del entrevistado: Oye, Alonso, ¿y por qué tal cosa? oye, Alonso, ¿y por qué tal otra?, interrumpiéndolo a cada momento cuando el funcionario de marras trataba de dar contestación al interrogatorio. Pero el colmo fue cuando, en cierto momento, le dice: Alonso, perdona pero tengo que hacer un corte comercial; ¿me puedes esperar para seguir la entrevista?
¡Y el otro le contesta, sí, Denise, con mucho gusto, aquí espero en la línea!

¿Se imagina usted, por ejemplo, a don Jesús Reyes Heroles tolerando ese trato? No cabe duda: ya no hay clase; se ha perdido hasta la dignidad...

sábado, 10 de abril de 2010

Nuevo castigo para la capital

Doce años llevamos ya de gobierno perredista en la sufrida capital del país, doce. Cárdenas, Robles, López Obrador, Encinas, Ebrard. Doce años en que la administración municipal de una de las mayores urbes del mundo no ha demostrado estar a la altura de sus problemas, que son en verdad enormes y que por tanto habrían requerido una calidad (experiencia, talento, motivación) extraordinaria en quienes están a cargo de buscar las soluciones.

Y me pregunto yo, ¿por qué? ¿Por qué la ciudad de México ha caído – al parecer irremisiblemente -en manos de las tribus del PRD? A diferencia del resto de las grandes ciudades de nuestro país, en las que gobiernos estatales y municipales se suceden en una saludable alternancia (que no necesariamente exitosa), aquí parece que no hay forma de salir del hoyo y que, pase lo que pase, los otros partidos no tendrán nunca la posibilidad de ganar una elección para gobernar la ciudad.

Porque, como quiera que sea, razones muy evidentes hay para constatar que la calidad de vida en nuestra megaurbe ha venido deteriorándose año con año. Y que el gobierno de la ciudad nos toma por imbéciles ofreciendo el panem et circensis del imperio romano, el pan y circo con que se adormece a las multitudes y desfoga las inquietudes de fondo. Sí, veamos: por un lado se obsequia a los “viejitos” de sesenta y más años una pensión en metálico (un acto populista sin sentido, sin fundamento económico ni racionalidad); se mantienen tarifas ruinosas en los servicios municipales de transporte (con lo cual you get what you pay for); se mantiene la tolerancia al comercio ambulante (con la consecuente evasión fiscal) y, por otro, se tima a la gente ofreciéndoles embelecos como las pistas de hielo en la época navideña, en el Zócalo y a todo color (para que vean que no sólo los ricachones en Rockefeller Center pueden disfrutar del invierno) y las inefables playas artificiales que proporcionan material para un museo de los horrores.

¿Cómo es que no hemos podido en todos estos años exigir más seriedad al gobierno? Bueno, qué remedio, tenemos el que nos merecemos.

Ahora nos anuncian la construcción de otro segundo piso en el Anillo Periférico (que, bien mirado, no tiene nada de periférico), aduciendo que la ciudad está punto de colapsarse por los problemas de tráfico vehicular y que ésa es la solución.

¡Pero la ciudad está a punto de colapsarse por otras razones! Menciono solamente algunas: la inseguridad, que hace ya muy riesgoso salir a la calle a pasear, abordar un taxi o dejar la casa sola un fin de semana; la escasez de agua, que amenaza con volverse dramática en el corto plazo; la fragilidad del sistema de drenaje, que cada año causa inundaciones de enormes consecuencias sociales y económicas; la recolección de basura, que es cada vez menos eficaz y amenaza con una catástrofe ambiental, y la falta de un sistema de transporte público como el que tienen todas, sin excepción, las grandes ciudades en el mundo. ¿Por qué el gobierno de la ciudad no le entra a estos problemas, de importancia fundamental? ¿Por qué, por ejemplo, el sistema de transporte público mantiene la propiedad privada, atomizada, de los ”microbuses”, ineficientes y causantes de buena parte del caos vehicular?

Ahora bien, si el gobierno de la ciudad piensa que el problema fundamental es aliviar la circulación vehicular, ¿cómo es que no ha pensado en otras posibilidades mucho más económicas y eficaces? Se me ocurre, por ejemplo, la prohibición de bloquear con marchas o plantones el tráfico en las arterias y calles, factores causantes de la mayor parte de los problemas de congestión (se aducirá que eso sería limitar la libertad de expresión, pero a mí me parece obvio que la libertad - cualquier libertad - está acotada por los derechos de los demás: en este caso, el derecho de transitar por las calles y de llegar a su casa, a su trabajo, o al cine, si a uno le da la gana, a tiempo y sin trabas). Y, al mismo tiempo, establecer las bases de un buen sistema de transporte colectivo municipal – como en todas las grandes ciudades: Nueva York, París, Madrid, Londres, Barcelona, Berlín – donde la gente no tiene que desplazarse utilizando el vehículo propio.

Pero, ¿quizá estoy siendo demasiado ingenuo? Y es que, entonces – me entra la duda – ¿si no, a quién se le otorgarían los jugosos contratos que la obra del Periférico va a generar? ¿De dónde saldrían los fondos adicionales para financiar las campañas electorales que tenemos en puerta? A lo mejor eso explica todo...

sábado, 3 de abril de 2010

Pasión y muerte conmemoradas

Se acerca el fin de esta temporada de asueto, disfrutada a tope, que me ha permitido con calma hacer algunas reflexiones sobre las festividades religiosas que en estos días se conmemoran en el mundo cristiano.

Los eventos principales, los relacionados con los problemas que culminaron en la muerte de Jesús hace ya casi dos mil años, son el tema de los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que ahora quise leer con detenimiento (alguna vez, me dije, hay que hacerlo, y me queda ahora la duda de que la mayor parte del mundo católico haya hecho lo mismo) para poder valorar con más justedad lo que sucede en la llamada semana santa.

La lectura de los dichos evangelios requiere, debo decir, de una buena dosis de paciencia pues, como mencioné en la entrega anterior, no tienen una calidad literaria muy elevada. Me apresuro a aclarar que no habría razón para que la tuvieran, ya que sus autores no eran gente ilustrada – como se infiere de lo que en cada evangelio se dice a propósito de ellos. Y el que estuviesen llenos del Espíritu Santo (cito textualmente a Lucas: 24,45: les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras, y Hechos de los Apóstoles: 2, 4), como calificación para sus trabajos apostólicos ulteriores, no necesariamente les confería dotes de escritores.

Pues encontré que lo que es propiamente la Pasión y Muerte de Jesús, digamos, a partir de su arresto hasta su crucifixión, resurrección, últimos días con sus discípulos y ascensión al cielo, ocupa solamente una fracción pequeña, alrededor de 15 por ciento, del total del texto en todos los casos. Y, por favor, no se me malinterprete pues no lleva esto ninguna intención ofensiva ni peyorativa, pero el tono de esa última parte en los cuatro escritos no es especialmente dramático ni difiere del resto en otro sentido. Es, a mi entender, simplemente una narración de hechos.

No entiendo, pues, por qué los hechos inicial y final en los evangelios, a saber, la anunciación, concepción o encarnación (asunto espinoso que, por cierto, solamente se toca en Mateo y en Lucas) por un lado y, por el otro, la pasión y muerte, han sido inspiradores de tantísima producción artística, lo mismo en las artes plásticas que en la literatura y la música. Las visitas – casi imposibles en estas épocas por la tremenda afluencia turística – a los grandes museos en todo el mundo nos ofrecen, con gran profusión, anunciaciones, madonne col bambino y crucifixiones, mientras que otros episodios de la vida de Jesús son infrecuentes. Y la grandiosidad de las obras musicales relativas a esos hechos es formidable. Pero no me parece que la sola lectura de los textos del Nuevo Testamento haya podido ser tan inspiradora para los grandes genios de la pintura y de la música. No llego a comprenderlo, aunque admito que a lo mejor es esencialmente un asunto de fe – y del mecenazgo de los jerarcas eclesiásticos, que algunas cosas buenas también tenían.

En todo caso, es curioso que se dé más relieve a la muerte de Jesús que a su vida. Se puede o no estar de acuerdo con sus puntos de vista, pero, ¿por qué se le ha dado, históricamente, una importancia tan grande a su muerte, cuando que, en realidad, es la doctrina que predicó en vida la que habría de celebrarse?

Esta semana se dedica a las formas más vulgares y desagradables de conmemorar aquellos hechos. Y no solamente en México, donde la chabacanería de la celebración de la Pasión de Jesús alcanza niveles inefables, sino también en el resto del mundo católico, según pude ver ayer en la televisión: desde las multitudes en el Vaticano aclamando al maltrecho Ratzinger, cuyo semblante no disimula los efectos de la tempestad que amenaza con dañar irremediablemente a la iglesia católica; las procesiones en Sevilla, con sus encapuchados, que recuerdan al siniestro KuKluxKlan, y otras atrocidades, como en las Filipinas, donde los protagonistas son efectivamente clavados, con clavos reales, a las cruces que rememoran lo sucedido en el Gólgota.

¿Por qué, me vuelvo a preguntar, se ha extendido tanto la conmemoración de su muerte y no tanto de su vida? ¿Por qué no hay en el resto del año ningún período destinado a celebrar sus enseñanzas? Quizá, me aventuro a decir, porque en realidad no hayan penetrado más allá de la piel de sus seguidores.