jueves, 10 de diciembre de 2009

“Rechaza UNAM Enlace”. Así cabecea el diario Reforma su edición de ayer (9-dic-09), e informa sobre la negativa del Rector Narro a que la casa de estudios participe en las evaluaciones que la Secretaría de Educación lleva a cabo en las instituciones educativas de todo el país, particularmente en el nivel de bachillerato, o “enseñanza media superior”.

Es posible que los instrumentos de evaluación adolezcan de fallas, incluso de fallas serias, y me parece que podría haberse usado ese argumento para justificar el rechazo a que la UNAM se sujete a una práctica que por varios años se ha aplicado en la mayor parte de las escuelas del país. Pero al usar el concepto de “incomparabilidad” para invalidar el proceso se comete, a mi juicio, un error de fondo. Dice la nota de Reforma “la negación (sic) a participar en ENLACE está fundada en que ésta compara estudiantes e instituciones que son incomparables”. Y continúa, “¿es comparable un estudiante de una escuela privada, que llega a su escuela en automóvil, después de haber desayunado bien... y que tiene en su casa todos los implementos, biblioteca, cómputo, información, etc.... con el de una preparatoria rural?”

Pues, digo yo, claro que son comparables; en todo caso podríamos decir que la comparación arrojaría un resultado injusto ya que quizá el estudiante mejor comido y con más recursos económicos tenga más posibilidades de alcanzar un mejor resultado en la prueba de comprensión de lectura o de matemáticas. Aunque, la verdad, creo que ni siquiera esto sea cierto: abundan los ejemplos en contrario. Ciertamente ayuda el estar bien alimentado, pero hay factores mucho más determinantes en el aprovechamiento escolar, y menciono a dos de ellos: el talento individual y la calidad de la institución educativa. Saldrá bien calificado el alumno talentoso de una escuela que cuente con maestros bien preparados, con una buena organización académica y con recursos para la enseñanza. Difícilmente podrá salir adelante un alumno que caiga en manos de un maestro ignorante y me atrevería a afirmar que en una preparatoria rural (ya que se usa ese ejemplo, aunque ocurre también en las urbanas) abundan estos especímenes. Si es a causa del hambre o la pobreza, ése es otro problema.

La calificación (o ranking) de una escuela reflejará, entonces, factores muy diversos y no solamente la situación económica de sus alumnos. Y, por otro lado, ¿qué se espera de la escuela? Tiene que buscar los medios para atender adecuadamente a sus alumnos y darles la formación que corresponde; no se puede admitir que se dé por bueno a un alumno que no cumpla con los requisitos académicos alegando que es a causa de su situación económica.

Porque, a fin de cuentas, cuando requerimos de los servicios de un médico o de un ingeniero lo primero que le pedimos es que sea competente en su especialidad; nunca aceptaríamos que nos diera como pretexto de su incapacidad profesional que cuando estudió en la universidad no tenía para desayunar, no iba en automóvil a sus clases ni tenía computadora en su casa. En tal caso, de inmediato buscaríamos a otro.

1 comentario: