domingo, 13 de diciembre de 2009

Campaña insidiosa

Amnistía Internacional lanzó una severa crítica (sí, una más) al Ejército Mexicano (Reforma, 12-12- 09) debido a que “... los abusos cometidos en su incursión (sic) en la guerra contra el narcotráfico van en aumento...” Esta organización no gubernamental (que, por razones de índole diversa, hube de conocer de cerca hace algunos años) se especializa en preparar informes donde, con un leve tono de santonería (¿cómo traducir mejor el término self-righteousness?), señala con dedo de fuego los excesos que cometen gobiernos en todo el mundo (ya sea en el Tibet, en Darfur, en Myanmar y en nuestro país, entre otros). Y aconsejó a México “voltear hacia Argentina, donde se ha modificado el código de justicia militar para limitar su jurisdicción”. No nos dice si sólo habría que importar de aquel país conosureño ese código, o de paso también otras prácticas, como las que tienen sumidos a los sufridos argentinos en una situación de profunda miseria económica y política.
Y no se mal interprete: por supuesto que estoy en contra los abusos de la fuerza pública. Lo chocante de AI es su falta de equilibrio al presentar los hechos. Veamos, por ejmplo: “En este informe no sólo comprobamos la presencia de detenciones forzadas, torturas y ejecuciones... y también demostramos que el patrón de abusos aumenta”. Se refieren, por supuesto, al Ejército, pero estoy seguro de que las detenciones forzadas, torturas y ejecuciones que llevan a cabo cotidianamente los diversos grupos de la delincuencia organizada en contra de bandas rivales o de ciudadanos cualesquiera, tienen una frecuencia y brutalidad mucho mayores que las atribuibles al Ejército. Sin embargo, aunque se trata igualmente de atentados en contra los derechos humanos, no se hace ninguna mención de ellos.
Lo positivo del informe de marras es que AI reconoce que, en efecto, en estos tiempos se libra una guerra real en nuestro país. Las guerras son eventos catastróficos de consecuencias terribles para gran parte de la población no beligerante. Y, la verdad, en términos generales no nos ha ido tan mal hasta ahora: veamos la tranquilidad con que la gente acude a los centros comerciales a hacer sus compras navideñas o la afluencia a restaurantes y lugares de esparcimiento, actividades que eran absolutamente impensables en Madrid o Barcelona durante la guerra civil española, o en Londres, Berlín y Tokio durante los años de la Segunda Guerra Mundial.
Y en cuanto a los excesos de la fuerza armada, están bien documentados los atroces sufrimientos de la población civil a manos de los combatientes, que en muchos casos han devenido en éxodos masivos o en matanzas indiscriminadas, como en Normandía, Kosovo, Bagdad y muchísimos otros, de ahora y de toda la historia de la humanidad.
Ojalá pudiera lograrse una actitud de urbanidad y cortesía de parte de las tropas en combate, de manera que no se dieran abusos o vejaciones hacia los civiles. Pero esto, me temo, es un inocente sueño guajiro...

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