lunes, 17 de mayo de 2010

Espejismos demagógicos

Tenemos - dice don José Narro, Rector de la UNAM – una deuda pendiente con Hidalgo y “el movimiento libertario que encabezó”, dijo, después de destacar “el papel reformador y visionario que desempeñó” (Reforma, 9-may-2010). Bueno, pues a mi juicio esa opinión acerca del llamado padre de la patria peca de ciertas inexactitudes. Porque una cosa son los mitos que nos endilgan al por mayor en los libros de texto de la escuela primaria, y otra lo que cualquier persona medianamente ilustrada sabe del cura michoacano y su papel – por cierto, efímero - en la guerra de Independencia.

No presumo de ser especialista en cuestiones históricas, pero en estos tiempos no es difícil acceder a fuentes de primera para obtener información al respecto. Es cierto que le tocó a Hidalgo dar el primer paso en el movimiento armado de septiembre de 1810, que encabezó hasta que, apenas seis meses después, en marzo de 1811, fue hecho prisionero y posteriormente juzgado y ejecutado. Ahora bien, él era un miembro de la clase criolla que veía una oportunidad de deshacerse de una serie de restricciones impuestas por la Metrópoli aportando, a cambio, un apoyo a la monarquía española temporalmente hecha a un lado por las fuerzas napoleónicas que fueron, a la postre, derrotadas por los británicos, devolviendo con ello a los españoles al nefasto Fernando VII (qué desgracia para ellos, ¿eh?). No hay duda de que la guerra de Independencia tuvo como fundamento el descontento de la clase criolla con las restricciones que les imponía la corona española, y nunca se planteó como cuestión prioritaria liberar de la pobreza a los indígenas ni eliminar la concentración de la riqueza entre los grandes hacendados y mineros. No fue, pues, un movimiento “libertario” ni Hidalgo intentaba una reforma en ese sentido ni, mucho menos, era un "visionario" como enjundiosamente lo califica el rector de la UNAM.

Por otro lado, la fugaz conducción del movimiento por Hidalgo fue desastrosa. Pudo convocar a grandes contingentes de desposeídos a su causa, pero al mismo tiempo les permitió tremendas arbitrariedades por la forma en que dejaba que la masa de hombres que se decían parte del ejército insurgente y sin ningún sentido de lo que querían lograr se vengaran de los españoles, asesinándolos en forma brutal y apoderándose de sus bienes, pues robaban todo lo que podían cargar (¿no recuerda esto mucho de lo sucedido cien años después, en las guerritas de la Revolución? Fue una guerra de venganza y saqueo, más que un movimiento organizado y con objetivos claros. Esto, entre otras cosas – tales como su falta de sentido estratégico y conocimiento militar –, le enajenó la buena voluntad de sectores importantes de la población y no logró el apoyo que hubiera sido necesario para llevar a buen término su lucha. Contrasta esto, por cierto, con las modalidades de la guerra de Independencia que encabezó Washington, treinta o cuarenta años antes, en la que había prohibición terminante de llevar a cabo pillajes y saqueos en las poblaciones que tenían la mala suerte de encontrarse en los terrenos de la contienda. Entonces si que tenían una visión estratégica y de largo plazo: basta ver los resultados.

Todo esto está muy ampliamente documentado, en particular por el Instituto de Investigaciones Históricas de la propia UNAM, donde sin duda habrían gustosamente prestado la asesoría necesaria a su rector para que tuviera la información correcta. O, acaso, se la prestaron, pero decidió mejor irse por la libre y continuar propalando las falacias. Es un poco desalentador que la Universidad Nacional se siga haciendo eco de los mitos con que se quiere seducir a las mentes infantiles.

Aunque, la verdad es que nos gusta, a los mexicanos, engañarnos con estos espejismos demagógicos. Muchas veces me pregunto qué sucedería si, milagrosamente, surgiera un movimiento a favor de la verdad histórica; si los mexicanos pusiéramos los pies en la tierra y tratáramos de vernos como somos; sin las mentiras de que está plagada nuestra historia oficial. Si hasta los rusos tienen que hacer de tripas corazón y reconocer las atrocidades del régimen soviético, ¿por qué nosotros no nos atrevemos?

1 comentario:

  1. Tema no sólo interesante sino de vital importancia para el país, para el México de hoy. Un ejemplo: como desde la primaria nos metieron en la cabeza que el alma nacional tiene aroma a chapopote, la inmensa mayoría del pueblo mexicano prefiere que Estados Unidos y Cuba se sirvan con el popote grande antes que permitir que Masiosare nos profane con sus plantaformas petroleras.
    El libro de texto gratuito fue una gran aportación de López Mateos al bolsillo de los más pobres, pero convirtió el pasado en (mala) película en la que las fuerzas del bien (los primeros priistas, entre ellos: Cuauhtémoc, Hidalgo, Juárez, Zapata...) derrotaron a las del mal(los reaccionarios vendepatrias). Otra bella estampa es la leyenda de los "Niños" Héroes, que Miguel Alemán confeccionó con los cursis ingredientes de todo totalitarismo: patria, juventud, bandera, enemigos y heroismo. Escribió la "historia" como le vino en gana, la impuso a millones de mocosos y se quedó tan campante (y, lamentablemente, nosotros también, como dice Tomás)
    Ricardo Ancira

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