sábado, 1 de septiembre de 2012

"Contempt of court"

No sé si en México existe la figura jurídica de lo que en inglés se llama contempt of court, que se refiere a “actos de desobediencia deliberada o falta de respeto hacia una ley o alguna autoridad pública, como un tribunal o un cuerpo legislativo”, una “conducta que desafía la autoridad, la justicia y la dignidad de un tribunal” mediante la mofa, la denigración o las amenazas, a fin de obstruir o degradar un proceso judicial o coaccionar a un juez para orientar su fallo en algún sentido. En otros países, particularmente los Estados Unidos e Inglaterra, se ha alcanzado una cultura de respeto a la ley y se vive en un “estado de derecho” gracias, en parte, a que los jueces tienen la facultad de incriminar, incluso penalmente, a quienes incurren en dicho contempt of court y castigar severamente a los infractores. Pero en este país se da el caso de que el candidato perdedor en las elecciones presidenciales declare públicamente que “no acepta” el fallo del tribunal electoral. Como si hubiese la posibilidad de no aceptar una resolución judicial. A menos, claro está, que esté haciendo un llamado a la rebelión, a desconocer las leyes y a oponerse a su cumplimiento. No hay otra opción: eso es lo que está detrás de su llamamiento a la desobediencia civil. Es un engaño pretender que se puede entrar en la rebelión de manera pacífica. Hay atrás de eso la intención perversa de subvertir el orden y buscar un alzamiento social que no puede ser otra cosa que violento. Las palabras no bastan: los razonamientos primitivos en el sentido de que “desobedeceremos la ley de manera responsable y pacífica para que no nos acusen de violentos” pueden calar en mentes rústicas, incapaces de percibir la contradicción en los términos y los peligros que ello encierra. Hay que interpretar su posición: ya que no me dan el poder, incendiaré el país. Así procedió Hitler en las postrimerías de la segunda guerra, arrasando ciudades y ordenando matanzas indiscriminadas ante la inminencia de su derrota. Afortunadamente, el Estado no está manco y, como sucedió hace seis años, las aguas volverán a su cauce después de algunas turbulencias. Recordemos cómo el Zócalo y las avenidas principales del centro de la ciudad de México, innecesaria y estúpidamente invadidas por la turba desorientada durante casi dos meses, hubieron de ser desalojadas con premura para no estorbar las celebraciones del 16 de septiembre.

miércoles, 25 de abril de 2012

Prueba de embedding CDF

Para probar el embedding de un notebook de demostración: